LA EXPLOSION

 


La tarde noche de un día de un caluroso mes de agosto, en concreto el 18 de agosto de 1947, los habitantes de Cádiz buscaban lugares donde ponerse al fresco y olvidarse, aunque fuera durante unas horas de ese caluroso verano.

Sobre las 21,45 horas se escucha una tremenda explosión y desaparecen todos los cristales de Puerta de Tierras y gran parte del casco histórico; a pesar de estar este protegido por las Puertas de Tierra.

En donde hoy en día se encuentra el Instituto Hidrográfico de la marina habían explotado unas 200 toneladas de trinitrotolueno que se encontraban en el interior de minas submarinas y torpedos principalmente de origen alemán y no utilizados en la II Guerra Mundial que hacía dos años que había terminado.

La onda expansiva arrasó el barrio de San Siberiano, La Barriada España, los chales de Bahía Blanca, el Hogar Niño Jesús (Casa Cuna), el campo de la Mirandilla, el sanatorio Madre de Dios, los cuarteles y los astilleros de Echevarrieta y Larrinaga, etc.

Incluso quedó afectado el Vapor Plus Ultra, que había zarpado poco antes del puerto de Cádiz y se encontraba a unos 1.500 metros de la costa.

Un Capitán de Corbeta al mando de dos compañías de marina sacaron del lugar tres vagones de ferrocarril que estaban esperando para ser descargados. Gracias a eso se evitó que la tragedia fuera mucho mayor. Años después, cuando ese militar era Almirante, se convirtió en el último Ministro de Marina de la Transición y el primero de la democracia.

Debido a que por aquel entonces Las Puertas de Tierra disponían de un único vano, el centro histórico de la ciudad se salvó, aunque no quedó entero un solo cristal.

Estábamos ante lo que sin ninguna duda se ha calificado como la mayor tragedia de la ciudad con cifras oficiales que hablaban de 200 muertos, 5.000 heridos y 2.000 edificios dañados o destruidos. Eran otros tiempos y la dictadura mandaba, con lo que la cifra de victimas pudo ser muy superior. Este 18 de agosto se cumplen 68 años de aquella tragedia.

Todos conocían el mal estado en que se encontraban esas minas y torpedos. El lugar elegido lo fue de forma provisional mientras se construía en la Sierra de San Cristóbal unos polvorines para la Armada Española.


Como es natural, el régimen le quitó a la jurisdicción ordinaria la investigación, otorgándosela a la militar. El sumario y toda la documentación se trasladaron a San Fernando, en concreto a un despacho existente en la Capitanía de la Zona Marítima del Estrecho.


Mira por donde, unos días después, se produce un incendio en esas instalaciones militares; que afectó solo al despacho donde se encontraba depositado el sumario.


Que el lector saque sus propias conclusiones…


 Sin entrar a especular, pretendo que esta entrada sea un homenaje a esas victimas y a tantos anónimos héroes que esa noche y los siguientes días actuaron para que el daño no llegara a más.


Existen gran cantidad de imágenes. La que ilustra la entrada es de uno de esos edificios destruidos.

 

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